¿Cuáles son los efectos del ultrasonido en el manejo del dolor articular en la artrosis de rodilla?
La artrosis es una enfermedad articular degenerativa caracterizada por un deterioro progresivo del cartílago hialino acompañado de alteraciones sinoviales y del hueso subcondral.Se ha estimado que 1/3 de los individuos mayores de 35 años presentan algún signo de artrosis, con una prevalencia que aumenta con la edad. La artrosis de manos y rodillas es más común en mujeres, mientras que la prevalencia de la artrosis de cadera es similar en ambos sexos.
La osteoartritis (OA) se caracteriza por rigidez y dolor en las articulaciones, es una enfermedad musculoesquelética crónica mas común en la población de adulto mayor con mas de 50% presentan evidencia radiológica de la enfermedad y entre estos el 10% de los hombres y el 18% de las mujeres presentan los síntomas en la rodilla. Hoy en día el objetivo principal en el tratamiento de la OA es disminuir el dolor y prevenir la progresión de la enfermedad por medio de tratamientos conservadores y farmacológicos sin tener en cuenta que muchos de estos tipos de tratamientos tienden a afectar a los usuarios ya sea porque los fármacos generan afectaciones sobre otros órganos o por el tipo de población se ve limitado en la hora de realizar las actividades de intervención propuestas.
Desde hace varias décadas se ha utilizado el tratamiento con ultrasonido para aliviar el dolor, reducir el edema, aumentar el rango de movimiento y acelerar la reparación del tejido; aplicándose en modo continuo o pulsado ya que beneficia el modo pulsado beneficia el cartílago y el continuo al generar efectos térmicos producen cambios favorables para la extensibilidad de tejidos, aumenta el metabolismo del tejido, promueve la permeabilidad capilar y eleva el umbral del dolor.
El ultrasonido es una forma de energía mecánica que consiste en vibraciones de alta frecuencia que puede ser continua o pulsada. El ultrasonido pulsado produce efectos no térmicos, y se utiliza en la reducción de la inflamación, mientras que el ultrasonido continuo provoca efectos térmicos. Tascioglu y cols, evaluaron la efectividad del ultrasonido pulsado y continuo en pacientes con AR. Trabajaron con un grupo control (ultrasonido placebo), grupo de ultrasonido pulsado y grupo de ultrasonido continuo. El tratamiento fue de 5 minutos una vez al día por 2 semanas. Encontraron efectos significativos en la disminución del dolor en el grupo tratado con ultrasonido pulsado.(18) Por otra parte, Cakir y cols, compararon si el ultrasonido continuo y pulsado eran más efectivos que el ultrasonido placebo en pacientes con AR.
Ulus y cols, evaluaron la eficacia a corto plazo del ultrasonido en la terapia del dolor, función física y discapacidad de los pacientes con AR. Los mismos fueron divididos en 2 grupos: 1) ultrasonido continuo y 2) grupo placebo. Se utilizó un cabezal de 1 MHz, con una intensidad de 1 W/cm2 durante 10 minutos. El tratamiento fue de 5 veces a la semana por 3 semanas. Los resultados indicaron mejoras significativas en el dolor, la actividad funcional y la discapacidad con el uso del ultrasonido. No se reportaron efectos adversos durante y después del período de tratamiento.
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